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El Zinco Jazz Club: Noches de Jazz en el Bajo Centro


Bajo el paisaje urbano que distingue al Centro Histórico de la Ciudad de México como un lugar donde quedan vestigios de pirámides, la efervescencia de la revolución mexicana y los antiguos edificios que proyectan la riqueza de otros tiempos, ubicado en la calle Cinco de Mayo esquina con Motolinía se encuentra el Zinco Jazz Club.

Actualmente el centro de la ciudad de México es uno de los sitios más atractivos de la capital, gracias a los esfuerzos de algunos empresarios y visionarios, es un buen lugar para visitar museos, restaurantes, cafés, tiendas o bares, en donde siempre la noche se disfruta maravillosamente en compañía de un pasado glorioso que se refleja en la fachada de sus edificios y el Zinco Jazz Club es uno de esos lugares que, sin duda, debe ser visitado.


El Zinco, como se conoce entre los asiduos visitantes, es un pequeño lugar que pasaría desapercibido si no fuera por su logo en la entrada que, sutilmente, destaca del imponente edificio Art Decó que lo alberga.


El sonido que se logra escabullir a la calle de aquel subterráneo bar es el móvil que hace que cualquier persona que pase por ahí, quiera entrar y disfrutar del mejor jazz de la ciudad.
Con una decoración sencilla, destaca el escenario con su fondo rojo en donde se han dado cita los mejores músicos del Jazz. El Club cuenta con una amplia barra en donde uno puede pedir cualquier bebida nacional o internacional, así como algún platillo que seguro nos dejará satisfechos por su exquisitez.

En este lugar uno puede reservar una buena mesa frente al escenario; es ideal para ir en compañía de los amigos o en plan de pareja, ya que dicho lugar es idóneo para disfrutarse con los más allegados.

Visitar este agradable sitio es sumergirse en la improvisación de este género musical; el jazz siempre me ha parecido una música de altura, de fiesta, de nostalgia, de grandes momentos y, casualmente, el Zinco guarda la esencia de cualquier bar jazzístico neoyorquino.


Escuchar el jazz que se toca en el Zinco es experimentar un viaje, pues aunque muchos músicos que nos seducen, noche tras noche, en este lugar tienen su propio estilo, nunca se olvidan las raíces del jazz y es ahí donde encontramos nuestro pasaporte a cualquier destino, puede ser desde aquellos nostálgicos sitios de Nueva Orleans en donde los esclavos africanos tocaban blues, góspel u otros sonidos que le dieron vida al jazz. O quizá el Latin Jazz que siempre improvisa esos sonidos inolvidables de cualquier región del Caribe, de Cuba, Venezuela, México, etc. Sin duda una grata experiencia de viaje.

El Zinco Jazz Club fue galardonado en 2006 como uno de los mejores 25 sitios nocturnos del mundo por la prestigiosa revista de Nueva York: Condé Nast Traveler. Dicho reconocimiento se debe principalmente a la calidad de los músicos que se presentan, así como al gran equipo que conforma al Club sin olvidar al gerente, Raymundo Herrera, quien siempre está atento de que no falte nada y sin duda, es un gran anfitrión.

The book of Life MAGAZINE recomienda ampliamente visitar este club que, sin duda, se convertirá en uno de tus favoritos.


Motolínia número 20 esquina 5 de mayo.
Reservaciones: 5512 33 69
De Lunes a Sábado de 10 a 15 Horas.

Alejandro Carballo
Fotografías: Enrique Campos

De Beirut a Oaxaca, el viaje imposible


Si hay personas que nacen con el don de la música, sin duda Zach Condon es una de ellas. Este joven originario de Nuevo México empezó a grabar sus propias canciones a los quince años y, al cumplir veintidós, ya había grabado su primer disco, mismo que grabó (sorprendentemente) en la casa de sus padres y produjo más tarde con la ayuda de Jeremy Barnes y Heather Trost.


The Gulag Orkestar (Ba Da Bing! Records, 2003) refleja lo que Condon vivió cuando, a los diecisiete años, viajó con su hermano a Europa y fue testigo del resurgimiento de la música balcánica entre la comunidad de estudiantes de París. Este álbum, tan bien recibido por el público y la crítica, llevó a Zach a dar el siguiente paso: acercarse a músicos amigos para formar la banda que respaldaría el éxito de este primer disco.


Pronto empezó a escribir y componer nuevas canciones que se incluyeron en el EP Lon Gisland (Ba Da Bing! 2007), el primer disco de Beirut como grupo musical.




Para finales de 2007 estaba listo The Flying Club Cup (Ba Da Bing! Records), disco que consolidó el sonido característico de Beirut: una armoniosa mezcla entre la música balcánica y la chanson francesa. Junto con este álbum se crea un interesante proyecto en DVD producido por Beirut, La Blogothèque y The Take Away Show: un video de cada una de las canciones que conforman The Flying Club Cup tocada en distintos lugares públicos de Brooklyn.


Los músicos que desde entonces lo acompañan en la mayoría de las presentaciones de Beirut son Perrin Cloutier (acordeón), Jason Poranski (guitarra, mandolina y ukulele), Nick Petree (batería), Kristin Ferebee (violín), Paul Collins (órgano, ukulele y pandereta), Jon Natchez (sax barítono, glockenspiel y mandolina), entre otros.


Este año, Beirut sorprendió con dos conciertos en el Lunario (su primera vez presentándose en México) y un nuevo EP doble: The March of The Zapotec/Realpeople: Holland, demostrándonos que su evolución musical es continua y que tiene una gran capacidad para absorber y traducir las influencias que marcan su vida.


El título dice mucho: la primer parte se trata de una recopilación de canciones escritas por Beirut durante un viaje a Oaxaca que fueron grabadas con la participación de la Banda Jiménez, mientras que en la segunda parte (Holland), Condon regresa al estilo de grabaciones que solía hacer en casa de sus padres (Bedroom-style recordings) utilizando su anterior sobrenombre 'Realpeople'.


La macha del zapoteca refleja la festividad, el folclore y la majestuosidad de la música de bandas oaxaqueñas (trompetas, tambores) mezclada, en algunos tracks, con la suave pero potente voz de Condon y sus hermosas letras como se puede apreciar en la canción "La llorona" (quizá inspirada en la leyenda que no en la canción) o en "The Shrew" que nos transporta directamente a un México colonial incluso cuando la letra está en inglés.


Realpeople: Holland empieza con "My Night With The Prostitute From Marseille" y el cambio es totalmente perceptible: deja atrás los metales y el acordeón (salvo por "The Concubine") para dar paso a un ritmo de beats frescos y secuencias mucho más ambiental, creando así distintas atmósferas.


Zach Condon y Beirut parecen tener un largo y exitoso camino en el mundo de la música y, seguramente, no dejarán de sorprender a todo aquel que decida acompañarlos.


María del Mar Cachón

Jaramar y el viaje atemporal

Hace varios años, presencié el concierto de una mujer que cantaba con pasión, como si su voz naciera de un lugar fuera de su cuerpo, con vibraciones intensas que hacían estremecer mis fibras sensibles. Pregunté quién era esta cantante con toques de gitana, sefaradí y mexicana. La respuesta fue: Jaramar.

Jaramar tiene una voz privilegiada, de eso no hay duda. Cada canción que interpreta es una oda a la entrega del artista en pos de su obra; su alcance vocal es amplísimo, lo que le permite un repertorio variado y diverso en su trabajo musical. Lo mismo puede interpretar una canción tradicional mexicana que una canción típica sefaradí.


Y es que esta cantante mexicana atraviesa las barreras temporales y geográficas, dando como resultado un proyecto musical multicultural que desarrolla su propio lenguaje a partir de una expresión artística personal que no copia a nadie, no suena a nadie, ésa es la mejor característica de su estilo: Jaramar suena a Jaramar.


El año pasado, Jaramar lanzó su más reciente producción musical titulada “Diluvio”. Al respecto de este material, la propia artista dice: “Todo esto es Diluvio. Cantos de amor y de ausencia, de añoranza por lo que se ha derrumbado, de gozo por lo que tenemos y que tal vez no permanecerá, de valor y arrojo porque hay que luchar por ese espacio de luz que, aunque fugaz, está ahí para que lo hagamos nuestro. La vida y la muerte abrazadas”. 



“Diluvio”, décimo disco de Jaramar, se conforma por trece canciones que incluyen temas tradicionales oaxaqueños y sefaradíes, pero también piezas de su propia composición. Como en cada producción, cuenta con la participación de músicos de primer nivel como Jaime López, Fausto Palma, Luis Javier Ochoa, entre otros.

Lo invito a escuchar algunas canciones de esta gran artista en su página web www.jaramar.com.mx


¡Que lo disfrute!

Catherina Fantini

Adanowsky

Cuando escucho el nombre de Adanowksy recuerdo esos nombres que nos inventábamos cuando éramos niños; esos nombres que aparecen en los cuentos, siempre ligados a seres fantásticos provenientes de otras dimensiones y que, ahora sin diferencia alguna, volvemos a encontrar ligado a otro ser que parece salido de la fantasía… Éste es Adanowsky. Un extraño personaje mexicano, francés, chileno y ruso que empieza a hacerse notar en el ambiente musical iberoamericano, luego del éxito obtenido en Europa.

Pareciera que la música ha cavado su propia tumba, cuando surgen de entre las tinieblas músicos, o mejor dicho artistas, que nos devuelven a los años dorados de la música y de la vida humana, donde lo más importante es experimentar y divertirse gozando en el escenario.

En días recientes, tengo la impresión de que el mundo ha madurado hacia una catástrofe inevitable; sin embargo, en el fondo no hemos dejado de ser niños y, es precisamente eso, lo que nos permite sobrevivir aquí. Este retorno a la infancia, en buena parte se lo debemos a esos artistas que nos permiten seguir siendo pequeños; así, Adanowsky nos permite regresar en el tiempo, no sólo con sus sonidos y voz cargados de estilos melancólicos salidos de la historia musical, sino también con su imagen y postura irreverente ante el mundo en el plano exterior.
Si nos adentramos al interior de su música, encontramos una atmósfera metafísica/surrealista, al más puro estilo de su padre Alejandro Jodorowsky y de los poetas malditos, haciéndonos recordar que en esencia todos tenemos algo de estos.

Así, bienvenido sea este disco que lleva por título El ídolo y con el cual Adanowsky se lanza al mercado latinoamericano, desprendiéndose varios sencillos como “El ídolo”, “Estoy mal” y “No”, entre otras canciones que empiezan a sonar duro en las colecciones musicales de los melómanos.

Germán Domínguez